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“Solo los Hombres Libres pueden Negociar” – Nelson Mandela (1918-2013)

David Bannister

“Por favor tomen asiento inmediatamente después de la pausa para el café”, dijo el organizador en la Conferencia Internacional de Socios de KPMG en la Ciudad del Cabo en 1999. “Tenemos un invitado especial”. Veinte minutos más tarde, los 150 que estábamos presentes en la conferencia vimos a Nelson Mandela, cerca de su 80 cumpleaños, caminaba lentamente por el pasillo junto a todos nosotros hacia el atril. Él cuidadosa y deliberadamente leyó un discurso preparado, para decirnos lo importante que era para la ciudad dar la bienvenida a un distinguido grupo de líderes empresariales. Fue un discurso predecible y me sentí un poco decepcionado.  “Y por ultimo…” dijo mientras dobló el papel que había estado leyendo durante diez minutos. Después habló durante veinte minutos, sin guion, sobre la adhesión de la ANC (African National Congress) al poder, en una Sudáfrica democrática, y lo fácil que hubiera sido para saldar viejas cuentas y dejar de buscar una venganza sangrienta durante los años de opresión racial. El público, yo incluido, estábamos totalmente cautivados por la historia de los miembros negros del parlamento que habían sido criados y educados en condiciones de carencia y que ahora, bajo el liderazgo de Mandela, querían mejorar las vidas de aquellos que habían elegido la reconciliación, en vez de la venganza. Al salir de la sala, muchos de nosotros llego a tocarle la mano de una manera casi bíblica. Recordé mi primera visita a Suráfrica, cuando estaba dando un seminario a un grupo de alto ejecutivos, usando el rotafolios para plasmar en él las cualidades de un líder. “Tenemos un presidente que sabe un poco de liderazgo”, dijo un miembro de la audiencia: “Escriba la palabra ‘Compasión’ y lea ‘The Long Walk to Freedom’”.  Hice ambos, y recientemente le recomendé a alguien que visitaba el país por primera vez que leyera el libro, para que entendiera la naturaleza y la historia del país y el legado del hombre que acaba de morir.

Desde aquella primera visita al país hace casi veinte años, he visitado la isla de Robben, caminado por las calles de los barrios negros y reflexionado por que el país no sucumbió a una regla déspota, tirana o demagoga, como muchos otros países en el continente cuando ganaron su “libertad”. Mucho de esto de debió a Mandela que, como alguno de ustedes saben, se le ofreció la libertad algunos años antes que saliera de prisión, por el entonces presidente PW Botha, pero solo a condición de que renunciase a la ANC y a sus ambiciones políticas. Él respondió: “Sólo los hombre libres pueden negociar”, rechazo la oferta y se quedó en la cárcel. Unos años más tardes él mismo se convirtió en la persona más poderosa del país, pero lo que todos recordamos de él, es la forma en la que opto por utilizar el poder. Una vez escuché a un consultor norteamericano muy eminente decirle a un cliente: “No podemos cambiar la historia, pero podemos aprender de ella”. Creo que Mandela aprendió de la historia, que su objetivo de la unidad seria aceptado mejor por la adopción de los principios del perdón y la reconciliación y no mediante la repetición de las injusticias del pasado. Todos sabemos que los principios no son negociables. Así que cuando el hombre libre ha venido a negociar, fue impulsado por el principio, y usó su poder para avanzar hacia su objetivo de un país libre, democrático y unificado, y mantuvo a sus seguidores lejos de la tentación de venganza que, según dijo en nuestra conferencia, habría sido “la cosa más fácil de hacer”. Así que hoy, en las horas después de su muerte, mucho en todo el mundo recuerdan a un hombre notable, sus principios y como optó por utilizar el poder para el bien. Una de las muchas lecciones de su legado para todos nosotros es que cuando sabemos que tenemos el poder, debemos entonces examinar nuestros objetivos – incluso buscar dentro de nuestros corazones - antes de decidir como utilizar ese poder.

 

David Bannister

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